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Así pienso · Transparencia

Miguel Quintero: la corrupción en Ferrari y la justicia en Twingo

La casa por cárcel para el hermano del exalcalde es un paso, pero se queda corta. Hay que proteger a los testigos, perseguir los bienes y que lo robado vuelva a Medellín.

Por Alejandro Arbeláez A. · · 2 min de lectura

Pieza gráfica: Miguel y Daniel Quintero sonrientes frente a la Alcaldía de Medellín, entre contratos, dinero y un Rolex; abajo, un Ferrari rojo junto a un Renault Twingo, y el titular «Miguel Quintero: la corrupción en Ferrari y la justicia en Twingo»

Quienes habitamos Medellín vivimos años de indignación durante la administración de Quintero.

Ciudadanos, periodistas locales y veedores tuvieron la valentía de denunciar sin tregua el presunto saqueo que hoy investiga la justicia. A ellos debemos reconocerles ese civismo: revisar contratos, guardar documentos, seguir el rastro de la plata. Mientras frente a las denuncias sentíamos la indiferencia del centralismo bogotano, personas valientes y cívicas persistían y muchos conservábamos la esperanza de que esas pruebas abrieran el camino a la justicia. Su perseverancia defendió algo que nos pertenece a todos: nuestra ciudad y dignidad.

Daniel Quintero, con sonrisa cínica y creyéndonos bobos, sigue atrincherado en Twitter, presentando los procesos como persecución política. Ese libreto de victimización, tan parecido al de su aliado Petro, pretende tergiversar cualquier exigencia de cuentas presentándola como un ataque personal.

Los medellinenses merecemos respuestas sobre los contratos y los recursos de la ciudad, rendición de cuentas sobre cada peso. La prensa local —valientemente— ha documentado más de cincuenta imputaciones relacionadas con la administración Quintero. Las responsabilidades individuales deberán probarse; la gravedad de lo investigado exige respuestas, por encima del ruido y los insultos. No impunidad.

La detención de Miguel Quintero, hermano del exalcalde, es un paso, pero como antioqueño me indigna que la respuesta de la justicia sea casa por cárcel —jaula de oro— y quede corta frente a la gravedad de lo investigado. Las imágenes del Ferrari y del Rolex con los que Quintero presumía, vinculadas por testimonios al expediente, contrastan brutalmente con las necesidades de nuestras familias.

La medida de casa por cárcel no es una condena; por eso es muy importante proteger a los testigos y mantenernos vigilantes, pues son ellos los que alimentan con pruebas el proceso judicial. Que se persigan los bienes de origen ilícito y, cuando corresponda, se vendan el Ferrari, el Rolex y cuanto se haya comprado con recursos desviados. Que esa plata vuelva y se convierta en vivienda, salud y oportunidades para nuestra gente.

«Que lo robado vuelva a la ciudad.»

Quienes denunciaron hicieron su parte: documentaron, insistieron y resistieron. Ahora la justicia debe esclarecer el entramado, sancionar a los responsables y recuperar hasta el último peso desviado. Aquí se investiga algo mucho más grave que un abuso de confianza: una organización al servicio del saqueo.

Que los culpables paguen y que nuestra plata vuelva. Nuestra esperanza sigue en pie; nuestra exigencia de justicia, también.

Vivir tranquilos, vivir mejor. Seguridad y bienestar.

Antioquia Primero.