Saltar al contenido

Así pienso · Vivir mejor

Que el progreso nos llegue hasta la sala de la casa

El progreso verdadero se reconoce en cosas pequeñas: una factura que alcanza, tiempo con la familia, un paseo al mar y una calle donde se vive sin miedo.

Por Alejandro Arbeláez A. · · 2 min de lectura

Pieza gráfica: Alejandro Arbeláez A. con camisa azul junto al lema «Vivir tranquilos, vivir mejor» y el sello «Antioquia Primero»; detrás, la presa de Hidroituango, montañas, el mar de Urabá, un tren y un túnel, y una familia de espaldas entre flores de café

Durante mucho tiempo hemos hablado del progreso con palabras enormes: crecimiento, competitividad, infraestructura, inversión. Pero creo que el progreso verdadero se reconoce en cosas que parecen pequeñas: tiene que cruzar la puerta de la casa.

Llegar hasta la sala, sentarse a la mesa y sentirse en la nevera. Tiene que aparecer cuando llega la factura de los servicios públicos y alcanza para pagarla sin sacrificar el mercado; cuando una familia puede ahorrar unos pesos, ponerse al día con una deuda o empezar a construir algo propio. Es que trabajar tanto debería servir para algo muy sencillo y muy grande a la vez: vivir mejor.

Hoy sabemos que cuando arriendo, servicios y transporte se llevan buena parte del ingreso, esa presión termina llegando al mercado, al estudio y al futuro de una familia.

Vivir mejor también es recuperar algo que a veces olvidamos medir: el tiempo y la posibilidad de disfrutar la vida. Que una buena vía no sea solamente kilómetros de pavimento, sino media hora más con los hijos. Que el ferrocarril no sea únicamente rieles y vagones, sino una forma de acercar el trabajo, el estudio y las oportunidades. Que llegar al mar de Urabá deje de ser una foto lejana y una familia de Medellín, Bello, Peque o Sonsón pueda decir un viernes: «¿Y si este fin de semana nos vamos a conocer el mar?». Antioquia ha esperado un siglo para acercarse a su mar; ahora el reto es que esa conexión se convierta en oportunidades y experiencias para los antioqueños.

Vivir tranquilos es poder disfrutar todo eso sin miedo. Es salir de la casa, caminar al trabajo, esperar el bus, abrir el negocio, montar en bicicleta o sentarse en un parque sabiendo que la calle también nos pertenece. En la vida diaria, en la pública, la sala de la casa es la calle, los parques. Vivir tranquilos es que una mamá pueda esperar a su hijo por la noche con tranquilidad. Es combatir a quienes viven de la renta maldita del microtráfico y la extorsión, pero también es acompañar a las familias que libran puertas adentro la batalla contra las adicciones. La seguridad es, además de una estadística, la tranquilidad de vivir en la calle y entrar a la casa.

«Esa es la Antioquia que imagino y anhelo: un departamento donde el progreso no se queda en un informe ni se mira desde la ventana, sino que llega a la casa, a la sala, a la nevera de los antioqueños.»

Que se note en la nevera con alimentos, en una factura que pesa menos, en la deuda que por fin se pudo pagar, en las llaves de una casa propia, en el tiempo recuperado para la familia y hasta en ese paseo al mar que durante años hubo que aplazar.

Gobernar, servir en la vida pública, para mí debe poder medirse así: preguntando en cada hogar si después de tanto madrugar, trabajar y bregar, la vida está siendo un poquito mejor.

Eso significa Antioquia Primero: vivir tranquilos, vivir mejor.